viernes, 1 de marzo de 2024

HISTORIAS DE VIDA «ASÍ MI HIJO HABLÓ A LOS ÁNGELES Y SUBIÓ AL CIELO»


«ASÍ MI HIJO HABLÓ A LOS ÁNGELES Y SUBIÓ AL CIELO»

HISTORIAS

23/02/2024 Hablan la madre y el padre de Davide Fiorillo, fallecido a causa de una enfermedad incurable a los ocho años. «Él también vio a Jesús y nos lo describió: su fe, su espontaneidad, sus ojos llenos de una luz que no existe en esta tierra»

Por cortesía de la editorial, publicamos el artículo aparecido en el número 7 de "Maria con te" dedicado a la historia del pequeño Davide Fiorillo contada por mamá y papá.

por Riccardo Caniato

«¿Quieres parar un rato y ver el mar?». «¡No mamá, tenemos que irnos! La Virgencita nos espera." En este intercambio entre Elisa y su hijo ya se comprende el misterio de una vida, recogido por la periodista Costanza Signorelli en el volumen Davide. El niño que hablaba con los ángeles (Edizioni Ares, pp. 184, 15 €). Una historia conmovedora que será de esperanza para todos aquellos que cargan con la cruz en la enfermedad. Davide Fiorillo, calabrés de Piscopio, en la provincia de Vibo Valentia, murió de leucemia a la edad de 8 años, el 22 de junio de 2021, en circunstancias particulares que hacen que su historia sea extraordinaria. Nacido en una familia no practicante, Davide en cierto momento abrazó su enfermedad incurable con una serenidad sorprendente: lo hizo desde el momento en que, como el niño testificó a sus padres, los Ángeles vinieron a hacerle compañía, luego la Virgen , finalmente Jesús. Que luego le han preparado y acompañado en su paso al Cielo. 

Dentro de esta historia, un pasaje significativo se refiere al santuario de la Madonna degli Angeli de Cassano delle Murge, del que hablamos en el número 5 de María contigo: es aquí donde la Virgen invitó dos veces al niño, y donde él tenía prisa para alcanzarla a costa de renunciar al mar que tanto amaba; y es aquí donde en ambas ocasiones se le vio caer en éxtasis frente a la estatua de la Virgen de los Ángeles. Pero María también apoyó el sufrimiento de Davide en la vida cotidiana de su hogar: como nos testimonian directamente sus padres, Salvatore y Elisa, en la conversación que sigue. 

¿Cuándo comenzaron los fenómenos místicos para Davide? 

Salvador. Los descubrimos el 19 de marzo de 2021. Davide estaba hospitalizado en Roma, en el Bambin Gesù, los médicos acababan de decirnos que ya no había esperanzas de vida para él. Elisa y yo estábamos desesperados, ya no sabíamos ni qué decirle a nuestro bebé. En cierto momento Elisa le habla del ángel de la guarda, para aferrarse a una imagen reconfortante, como si se refugiara en los cuentos de hadas, y Davide, muy alegre, responde: "Mamá, no uno, ahora veo tres. Y si cierras los ojos también podrás verlos." 

¿Veía también a la Virgen? 

 Elisa. “La Virgencita es hermosa”, nos dijo. La vio rodeada de ángeles como está representada en la estatua del santuario de Cassano. Él no conocía ese lugar, ninguno de nosotros lo conocía, fue María quien se lo señaló, le hizo encontrar esa imagen suya en Internet y nos pidió que peregrináramos. 

Salvador. Primero vio a los Ángeles, quienes lo prepararon para el encuentro con la Virgencita. En ese momento ella nunca lo abandonó y a su vez lo preparó para el encuentro con Jesús que ocurrió con su Primera Comunión. 

Ad Jesum per Mariam. El capítulo del libro dedicado a la Eucaristía se titula: Veo a Jesús ¿Qué pasó exactamente ese día? 

 Elisa. Fue la primera Misa a la que Davide asistió en su vida. Durante la celebración tuvo una mirada seria y profunda, se mostró sereno y decidido en sus movimientos como si ya lo supiera todo. Lo escuchamos hablar en voz baja y no entendimos si estaba participando en el ritual (que él no sabía, sin embargo) o si estaba conversando con alguien. En cierto momento le pregunté si la Virgen había venido a misa, como le había prometido. Él respondió que ella ya estaba en la iglesia esperándolo y, después de mirar hacia arriba como mirando al cielo, lleno de felicidad, le dijo a su padre que los angelitos también estaban allí. Por la noche, una vez terminado todo, tuve el valor de preguntarle si Jesús también se había manifestado, él respondió que sólo después de comer la Hostia consagrada había visto a Jesús y nos lo describió. 

¿Cómo lo ha descrito? 

 Elisa. Con estas exactas palabras: «¡Hermoso! Joven como San Miguel, sin barba, con el pelo corto y largo, con túnica blanca y manto rojo." También nos dijo que Jesús lo había acariciado con una mano, mientras con la otra le había tocado el corazón. 

En el libro se narra la Primera Comunión de Davide como un punto de inflexión radical en vuestra vida... 

 Elisa. Tanto Salvatore como yo vivíamos lejos de la Iglesia y de los sacramentos; y Davide había crecido sin formación religiosa. Nunca antes habíamos entendido lo que significa que Jesucristo esté vivo y presente en la Eucaristía. A través de nuestro hijo hemos experimentado de primera mano esta presencia real. Davide nos ha dicho que viéramos a Jesús, pero vimos cómo David nos lo decía: su confianza, su fe, su espontaneidad, sus ojos llenos de una luz que no existe en esta tierra. 

Salvatore, eres apicultor, un hombre concreto de la tierra: ¿cómo pudiste creer las palabras de tu hijo y cómo lo cambiaron? 

Salvador. La pregunta que me hago es la contraria: ¿cómo podría no haber creído? Desde el primer momento que escuché a mi hijo hablar del Cielo algo dentro de mí cambió. Es como si las palabras de Davide respondieran a muchas preguntas que llevaba dentro de mí de una manera que nunca nadie había respondido. La primera vez que Elisa me hizo correr al hospital, diciéndome que Davide me había hablado de los angelitos y del Paraíso, rompí a llorar y sentí una certeza inquebrantable en mí. Día tras día Elisa y yo – cada una a nuestra manera, pero juntos – comprendimos que si lo que nuestro hijo nos decía era verdad, ¡nuestra vida ya no podría ser la misma! Soy un hombre racional y había vivido como si nada existiera más allá de lo que ves y tocas. Pero Davide nos mostró otra vida, la vida real, y es la que más esperaba y deseaba.

¿Cómo les comunicaba estas cosas?

Salvador. En muchos sentidos. Le doy un ejemplo. El día después de su Primera Comunión vi a Davide jugueteando con su alcancía con forma de casa de abejas. Sabiendo muy bien lo mucho que le gustaba comprar juguetes, le dije: "Mira cuánto dinero has recibido como regalo: ¡tienes que decirles a los angelitos y a la Virgencita que te hagan sanar para que lo puedas gastar!". Me respondió enseguida, sin pensarlo ni un momento: “No papá. Me están esperando. Tengo que ir". ¿Te imaginas a un niño de ocho años que, con una seguridad y una serenidad indescriptibles, habla así de su muerte? David nos mostró que la muerte no es el fin sino el comienzo de la vida. Antes de ir al Cielo se hizo hacer un vestido especialmente para volar con los Angelitos: eligió todo hasta el más mínimo detalle, y cuando se lo probó parecía que se estaba preparando para la boda, para el día más hermoso de su vida. ¡vida!

¿Les ha descrito también lo que hay después de la muerte?

Elisa. Nunca habló de la muerte. Un día nos contó que los angelitos lo llevaron a ver el Paraíso y lo describieron como un lugar hermoso, lleno de luz y con un arcoíris. Un lugar donde suceden las cosas bellas que deseas y donde el sufrimiento no existe, de hecho repitió: "En el Cielo no se toman medicinas y no hay hospitales". Fíjese que Davide era muy pegado a mí, al punto que durante las estadías (en el hospital) no me dejaba salir de la habitación, pero desde que vio el Paraíso empezó a decir que quería ir allí. Él tenía una serenidad inexplicable y me dijo que decía que debía mantener la calma ya que él siempre vendría a encontrarme.

Salvador. No sólo escuchamos sus historias, lo vimos cambiar completamente: antes de partir hacia el cielo, Davide había vencido las ansiedades típicas de los niños que padecían enfermedades graves durante años. Ya no lloraba ni hacía berrinches. Siempre se había vuelto alegre y lleno de vida, agradecía todo, amaba a todos y siempre nos hablaba del Cielo. Incluso su hermano Antonio, al que tenía mucho cariño, quedó abrumado por este cambio. Uno de sus últimos días reunió a toda la familia, incluso a sus tíos y primos, y nos llevó a misa. En la iglesia, al ver que estábamos detrás, nos "empujó" hacia las bancas delanteras para que estuviéramos más cerca del altar. Estaba en el cochecito porque no podía caminar por el dolor, pero lo invadió una alegría que nos dejó sin palabras. Era el día del Corpus Christi.

La estatua de la Madonna degli Angeli de Cassano es una figura regia...

Elisa. Para Davide la “Madonnina” – como él la llamaba – era ante todo una madre. Un día, ante mi pregunta sobre lo que Nuestra Señora le hiciese o le dijese, respondió con franqueza: "¡Ella se acerca a mi cama y me abraza como una mamá, como tú!".

Salvador. Davide, con la espontaneidad y la ingenuidad de un niño, nos hizo comprender que el Cielo -los ángeles, la Virgen, Jesús, los santos- son personas familiares y más cercanas a nosotros de lo que podemos imaginar.


Fuente: Rivista Famiglia Cristiana

sábado, 19 de abril de 2014

DOMINGO DE PASCUA (Abril 20, 2014) El Señor Ha resucitado!

Enfasis Sugerido

"La muerte y pasión de nuestro Señor es el motivo mas dulce y mas convincente que puede avivar nuestros corazones en esta vida mortal…Los hijos de la cruz se glorifican en esto, su maravillosa paradoja que muchos no entienden: de la muerte, la cual devora todas las cosas, ha emanado el alimento de nuestra consolación. De la muerte, que es fuerte por sobre todas las cosas, ha emanado la dulce miel de nuestro amor." (Tratado del Amor de Dios, Libro 12, Capitulo 13) 

Perspectiva Salesiana

Esto, verdaderamente, es el misterio central de nuestra fe. Jesús permitiéndose a si mismo ser consumido con pasión por la rectitud y por la muerte ha, a su vez, conquistado la muerte de una vez y para siempre con el poder de la promesa de la vida eterna. 

El camino de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo fue personal: fue único. Fue confeccionado por el Padre desde la eternidad. Jesús fue fiel con la visión de Dios para con El; Jesús acogió su vocación como el humilde y gentil Mesías; Jesús sufrió el dolor de la muerte; Jesús experimento el poder de levantarse de nuevo. 

Dios ha confeccionado un camino personal para cada uno de nosotros desde la eternidad. Cada uno de nosotros juega un papel único en la revelación eterna de la vida divina, del amor divino, de la justicia divina, de la paz divida y de la reconciliación divina del Padre. Aun así, el camino a la resurrección es el camino de la cruz- el camino a la rendición, el camino al desprendimiento, el camino a dejar a un lado todas las cosas, los pensamientos, las actitudes y las acciones que no nos permiten personificar la pasión de Cristo: la pasión por todo lo que es recto y verdadero. 

Francisco de Sales ofrece esta imagen en el Libro 9 de su Tratado del Amor de Dios"Dios le ordeno al profeta Isaías que se desnudara completamente: esto hizo el profeta, y se fue a predicar así por tres días completes (o, como cuentan algunos, por tres años completos). Entonces, cuando el tiempo que Dios había determinado paso, Isaías se vistió de nuevo. Así mismo nosotros debemos quitarnos todos los afectos, grandes y pequeños, y hacer una reexaminación frecuente de nuestros corazones para ver si están realmente listos para desvestirnos y quitarnos todos esos ropajes, como lo hizo Isaías. Entonces, en el momento propicio debemos volvernos a cobijar con los afectos apropiados para el servicio de la caridad, para que así podamos morir desnudos en la cruz con nuestro Salvador divino y después levantarnos de Nuevo con el y como personas nuevas. " 

Deben estar seguros de una cosa: la muerte diaria del yo personal, que es parte de vivir una vida pasional, no se trata de morir sino de desvestirnos, de dejar ir por nuestro propio bien. No, se trata de que todo lo que somos debe ser purificado para así poder vivir vidas de divina pasión y compasión mas fiel y efectivamente. Dios no desea que nosotros dejemos que nuestro yo muera por modestia, sino que nuestro yo muera para que así, paradójicamente, podamos ser quienes El nos ha llamado a ser. 

“El amor es tan fuerte como la muerte como la muerte a la hora de permitirnos abandonar todas las cosas,” escribió San Francisco de Sales. “Es tan magnifico como la resurrección que nos adorna con la gloria y el honor.” 

Esta gloria y honor no solo esta reservada para el cielo. En la medida en que nosotros morimos cada día un poquito y en que experimentamos la fidelidad del amor de Dios en medio de la adversidad, las pruebas y las dificultades, podremos experimentar un poco de la resurrección cada día. 


El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales. 

domingo, 20 de octubre de 2013

La oración como soporte de la constancia de la fe. Domingo 29° Tiempo Ordinario

En Lc. 18, 1-8 la escena de la viuda indefensa que vence la apatía, desinterés y falta de equidad de un juez injusto e impío, es decir, que ni teme a Dios ni a los hombres, es una advertencia a la comunidad cristiana, a la Iglesia de todos los tiempos, acerca de la necesidad de perseverar en la oración a Dios ante las vicisitudes de la vida, ante las tribulaciones y dificultades que conlleva vivir en la fe, vivir desde una fe. Si no se ora, no se alcanza la implementación histórica de la justicia.
Jesús cuenta la parábola del juez injusto – (Lc 18,2-5) – para enseñar a sus discípulos la actitud con la cual mantener el ejercicio orante a lo largo de la vida. A rezar, ya les había enseñado tal como escuchábamos semanas atrás cuando les entrega el Padrenuestro en Lc 11,1-13. Dicha actitud será la de orar con insistencia, con persistencia, sin desalentarse. 
Si anteriormente, Jesús les había mostrado a sus discípulos, a quién orar y desde qué perspectiva, es decir, se ora a Dios reconocido como Padre y se ora como hijo que habla con plena confianza a su Padre y le expone su vida con la sencillez de quien se sabe necesitado de todo en todo tiempo. Ahora se trata de orar desde una consistencia de dedicación y de abandono en los tiempos y modos con los que Dios elige escucharnos y atendernos.
Dios hará justicia a sus hijos y les escuchará todo aquello que pidamos en sintonía con su corazón y con el destino final de nuestra existencia en sus brazos. Sentimos que Dios nonos escucha no porque no le interese nuestra situación, sino porque probablemente, consideramos como bienes o situaciones necesarias, realidades que en realidad, ni nos harían mejorar como personas ni como sociedad.
Dios, porque es Padre y ama sin interrupciones, ni según estados de buen o mal humor, persiste permanentemente en la actitud de benevolencia hacia cada persona sin distinguir raza, religión o condición social. Porque la fe supone una relación existencial con Dios en quien me confío plenamente porque reconozco que dicha confianza es la que sostiene mi vida desde su inicio gratuito hasta su entrega responsable, lo menos sería que me preguntase de qué modo me quiere Dios que logre ser feliz o que alcance mi plenitud humana.



La justicia con la Dios obra el bien que le pedimos para nuestra vida, no puede contrariar jamás su designio de amarnos en su Hijo y en la escuela de su Hijo Jesucristo. Lo mínimo es que cuando le pedimos a Dios lo que fuere, se relacione con el seguimiento de su Hijo Jesús.
Bajo el influjo de la sociedad del consumo y del bienestar, si mis solicitudes de placeres o de seguridades, tienen que ver más con la vanidad de la vida en vez que con la serenidad de una vida orientada al servicio, entonces es probable que mis pedidos a Dios aparezcan como no escuchados.
además, al orar con insistencia, se afirma el acto de fe en la Providencia de Dios sobre la globalidad de mi vida y todas sus etapas. Dios es Padre no para tapar los agujeros del sin sentido de alguna jornada de mi vida, es Padre todos los instantes de mi vida y acudir a Él solo por minutos o en circunstancias graves porque todo me va mal, atestigua de mi poca fe. Es decir, que ordinariamente, vivo desde múltiples y distintos criterios cuando no ajenos, al querer de quien me quier como Padre ahora y siempre.
"Para inculcar la oración permanente en sus discípulos Jesús les narró la parábola del injusto juez y la viuda impertinente. Ya les había enseñado a orar, a petición, precisamente, de uno de ellos. Ahora les enseña que rezar no debe ser una ocupación ocasional, sino un quehacer continuo… y gozoso. " (Cf. J.J. Bartolomé, Lectio Divina Domingo 29°)
La oración insistente no conoce brevedad, es continua. Los momentos de oración donde recito oraciones, son espacios concentrados de atención a Dios y de escucha de su Palabra para que entre a formar parte de mi vida... y de su agenda!
Se trata de permanecer ante su Presencia y sintonizar con la globalidad de sentido de su oferta de filiación divina en su Hijo Jesús y por medio de Él y con Él. Gasta tiempo como María en estar a los p ies de Jesús eligiendo la parte mejor, la de entrever el sentido de mi vida en la relación más excelente de amor que me pueda ocurrir. Entonces, la actividad y la toma de decisiones hacia afuera, hacia el despliegue de la propia energía y la atención de los demás, -como Martha- se verá perennemente iluminada y orientada sin ofuscaciones, sin desencantos, ni amarguras.
La fe supone una experiencia de la plenitud de pertenecer a Dios y que Dios en Jesucristo, sí puede y sí quiere intervenir en la historia personal y colectiva para hacer que se actúe su voluntad de salvación en cada persona y en cada pueblo.
Esta fe es interpelada por todo momento cultural que pasa la historia de los hombres, por ello, es necesario permanecer en estado de alerta interior cultivando un espíritu de oración, que permite que viva cada circunstancia en la Presencia de Dios y juzgue con sabiduría desde dicha Presencia y desde su inspiración.
Si orar, es solo repetir palabras con cierta prisa, o participar de una Eucaristía que no dure más de 45 minutos; podemos comprender por qué nos cansamos de orar y por qué aparentemente no me siento escuchado por Dios. Al no transcurrir en su Presencia no aprendo a pedirle lo que resulta realmente necesario para que viva en este mundo mientras me preparo a volver a Él.
Al transcurrir más y mejor tiempo con Él, aprendo a distinguir lo necesario e importante de lo urgente y darle sentido  a la propia vida superando la frivolidad, la banalidad de los placeres y descubriendo la necesidad de abrir el horizonte del propio corazón a la solicitud de la justicia para todos y la superación de los grandes desafíos de equidad y de respeto a la vida y a la familia que nuestro tiempo reclama.
Oremos con espíritu de hijos, oremos con la certeza de que el compromiso personal por vivir en equidad, justicia y servicio, es ya una garantía de vivir como escuchando al Señor que nos llama.



domingo, 26 de agosto de 2012

ELEGIR y SEGUIR AL VERDADERO DIOS


La Palabra de Dios en este XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO nos solicita una reflexión y contemplación de nuestra condición de bautizados y discípulos del Señor Jesús: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna!!!.  

De la liberación a la elección

El Pueblo de Israel (figura de la Iglesia, de la familia cristiana, de la comunidad educativa que anima una presencia escolar o parroquial) se ve expuesto, durante su peregrinaje hacia la Tierra Prometida a innumerables dioses y volver idólatra. El Pueblo de Israel está llamado a decidir si sigue a Yavhé o si sigue a los otros dioses que el entorno de pueblos con cultos politeístas, le muestran y que le ofrecen una aparente seguridad cuando más bien los subordina a las fuerzas de la naturaleza. Yavhé es un Dios personal, es un Dios que le ha dirigido su palabra por mediación humana y le llamado a un seguimiento fatigoso de liberación. Dejar de ser esclavo no ha sido fácil para Israel, la tentación de volver atrás ha estado siempre latente en su camino por el desierto. Los cansancios y fatigas le han distraído de la meta más de una vez. Elegir es necesario para ser libre. Elegir al Dios que convoca y pide fidelidad respecto a todos los demás dioses es una situación límite. Luego de elegir no habrá marcha atrás.
De allí que su respuesta es perentoria: ¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios! Jos 24,1-2a.15-17.18b.

Señor, Tú tienes palabras de vida eterna

El Evangelio de este XXI Domingo del Tiempo Ordinario Jn 6,60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nos presenta a un Jesús interpelante y hasta cierto punto desafiante.
Los domingos anteriores hemos leído los versículos precedentes de este capítulo 6. Jesús ha curado enfermos, gestos que constituyen signos –señales- de su ser Mesías, Hijo de Dios que somete al mal y a la enfermedad que aqueja al hombre y lo subyuga. La gente ha admirado esa eficacia de palabra y de obra y se interesa por él. El estupor llega a su máximo nivel cuando Jesús realiza el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces y la gente, sin mayor reflexión que la del estómago saciado, lee la señal como un mensaje de liberación política y económica que se traduce en su decisión de hacerlo rey. Jesús, afirma el texto, huyó de nuevo al monte solo. Jesús rechaza la reducción de su presencia, de su predicación y de sus milagros a la sola interpretación de que nos viene a resolver los problemas básicos de la vida: salud, alimentación, seguridad política. Jesús rechaza la identificación exclusivamente política de su Persona y de su actuar. El Reino de Dios es mucho más que la liberación de las solas esclavitudes que la historia y la corporeidad de los hombres ha generado.
Aquí surge otro milagro o señal de la divinidad de Jesús, y es cuando se acerca a sus discípulos ya embarcados y en medio de un lago de olas embravecidas. Jesús camina sobre las aguas y llega a su Comunidad de apóstoles que estaban atemorizados sea por la tormenta que por su presencia de primer impacto fantasmal. Pero Él les dijo: Soy Yo. No teman y en el acto tocan la orilla con la barca superando todo peligro.
Jesús es buscado por la multitud porque se han visto saciados en su necesidad básica de alimentación y lo quieren entre los que toman decisiones para que le asegure la comida. La búsqueda de Jesús es una búsqueda interesada que se aleja de la intención de revelación que ha mostrado Jesús cuando realizó sus señales. Jesús pone al descubierto sus intenciones inmediatistas y lejanas del corazón de Dios:  Obren por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del Hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello (Jn, 6, 27).
Es decir, progresivamente, Jesús señala metas más nobles de comprensión y de seguimiento de su persona que la sola satisfacción corporal del pan multiplicado; las razones del Hijo de Dios que multiplica el pan para robustecer la salud corporal son mayores y más nutritivas que el mismo pan multiplicado. El discípulo de Jesús, Hijo de Dios, habrá de alimentarse del mismo Jesús: Yo soy el Pan Vivo bajado del cielo, si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne para la vida del mundo (Jn 6, 51). Y esta afirmación provoca perplejidad y estupor… ¿“comer SU carne?...? ¿Qué propuesta religiosa puede ser ésta que se sugiere antropófoga? ¿Estamos ante un maestro o ante un desquiciado? Pero aún cuando añadirá: Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. (Jn 6, 53-54)
Pero la afirmación que colma el vaso del estupor, de la sorpresa cuando no del escándalo es esta que dice: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita (otros dicen: permanece) en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí (Jn 6, 55-57).

De la perplejidad a la contestación y al rechazo, del rechazo a la profesión de fe personal y eclesial

Con este recorrido llegamos al desenlace del Capítulo 6 de Juan en el que se constata la perplejidad en el público que seguía a seguía a Jesús:  Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso? Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: ¿Esto les hace vacilar?, ¿y si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de ustedes no creen. (Jn 6, 60-64). Hace falta la superación de una lectura material del mensaje de Jesús y es necesario decodificar el lenguaje de superación moral y espiritual que implica el comerlo a Él, el habita o permanecer en y con Él. La argumentación no es al interno de una lógica de realidades físicas, sino espirituales. El espíritu de Dios con su capacidad creadora hará posible que haya una mediación material por la que se comunique la vitalidad del mismo Dios al hombre pecador, por la que la fuerza del amor que supera todo egoísmo raíz de todo pecado, llegará al corazón (es decir a la mente-pasionalidad-voluntad humanas) de cada persona. Es así como la vida de Dios comunicada por la humanidad resucitada de Jesucristo habrá de impregnar nuestra mente y libertad y habrá de purificar nuestros afectos y deseos del egoísmo. Lo que Jesús hace es preanunciar su EUCARISTÍA. El sacrificio cruento de la cruz se habrá de actualizar mediante el sacramento del Eucaristía y del rito que lo hace presente para la Comunidad Eclesial.
De allí que la perplejidad de los discípulos invita a poner la pregunta de rigor a los apóstoles por parte de Jesús que suscita la respuesta corporativa por la voz de Pedro: ¿También ustedes quieren marcharse? Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios. (Jn 6, 67-69).

La Eucaristía como encuentro vital con Jesús

Como bautizados que somos nos vemos enfrentados todos los días a tomar decisiones sobre aquello que nos deleita más o menos, sobre aquello que dirige nuestro pensamiento con relación al propio proyecto de vida, a los medios y fines de nuestra realización personal, como profesionales y como personas comprometidas con la marcha social desde la familia y los espacios de encuentro, de amistad y de compromiso. Las razones de nuestros diferentes niveles de afiliación pueden constituirse en una renovada oportunidad de pertenencia y de intimidad con Cristo o su contrario, es decir, caer en situaciones de infidelidad al propio bautismo que coinciden con el adulterio del pueblo de Israel como forma de apostasía, de negación del único y verdadero Dios en la propia vida.
La verdadera lucha se da en el corazón del creyente que necesita aprender a discernir qué tipo de fidelidad construye y vive hacia Jesús. La mediación sacramental de la Eucaristía y su resonancia social que nos mueve a la solidaridad efectiva más allá del momento ritual, se constituye en nuestra manera actual de permanecer y habitar en Jesús. La vida eterna no se entenderá sobre todo ni en primer lugar en la situación atemporal del después de mi muerte; más bien, en la mentalidad semita que no se refiere al tiempo o a su ausencia cuando habla de lo eterno de Dios, habremos de comprender que la vida eterna de la que habla Jesús y de la qué Él es el contenido de dicha eternidad, se trata más bien de una condición existencial, de un estilo de vida que implica una moralidad afianzada en una practica de acciones realizadas en el amor de don y entrega que es la naturaleza de Dios. Si Dios es amor, comer su carne y ver su sangre implica un decidir pertenecer a su radical lógica de amar en vez de entronizarse a sí mismo como referente de toda atención y de todo placer. Vivir eternamente ocurre ya ahora si mi horizonte práctico se fundamenta en una práxis de amor de don, de entrega, de servicio que me encuentra presente en toda justicia y ausente cuando combatiente de toda inequidad.
Independientemente del momento de mi muerte, tengo vida eterna si en la praxis de mi vida, el egoísmo y sus formas de narcisismo, de lujuria, de mentira, de exceso, de codicia y ambición desmedida y desordenada de poder son erradicados por una praxis inteligentemente querida y cultivada de amor de sí en proyección de servicio solidario; de veracidad que sostiene relaciones de sinceridad, lealtad y transparencia; en colaboración que coadyuva proyectos institucionales que promueven la superación de esclavitudes culturales, económicas pero sobre todo que propugnan la libertad religiosa de adorar a un solo Dios que se revela como Familia de comunión perfecta en un amor que señala el horizonte de cumplimiento de la sociedad civil y política.
Con Pedro, la Iglesia de todos los tiempos y en sus diversas formas de eclesialidad desde la familia, las parroquias y diócesis, las agregaciones inspiradas en el Evangelio, con prontitud afirmamos, ante las amenazas de propuestas secularistas, de una globalización que homologa todos y a todos en un solo paradigma de consumo y de placer, con la absoluta certeza que nuestra fe-confianza no se verá defraudada: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.
Buen Domingo!!!

martes, 14 de agosto de 2012

LA FAMILIA ENGENDRA LA VIDA

(Extracto para uso escolar)

UNA CATEQUESIS BÍBLICA: Lee atentamente:


27Y Dios creó al hombre a su imagen,
lo creó a imagen de Dios,
los creó varón y mujer (Gn 1, 27).
18Y el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada». 19Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales de campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. 20El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. 21Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo  sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. 22Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. 23Entonces este exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará mujer, porque ha sido tomada del hombre». 24Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne (Gn 2, 18-24).
 Escucha del Magisterio
En la vida de familia las relaciones interpersonales tienen fundamento y reciben alimento del misterio del amor. El matrimonio cristiano, ese vínculo por el cual el hombre y la mujer prometen amarse en el Señor para siempre y con todo su ser, es la fuente que alimenta y vivifica las relaciones entre todos los miembros de la familia. No es casualidad que en los fragmentos siguientes de la Familiaris Consortio y de la Evangelium Vitae, para ilustrar el secreto de la vida doméstica, se repitan varias veces los términos «comunión» y «don».
El amor, fuente y alma de la vida familiar
La comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre ellos, de los parientes y de otros familiares.
Dicha comunión arraiga en los vínculos naturales de la carne y de la sangre, y se desarrolla encontrando su perfeccionamiento propiamente humano en el instaurarse y en el madurar de los vínculos todavía más profundos y ricos del espíritu: el amor, que anima las relaciones interpersonales de los distintos miembros de la familia, constituye la fuerza interior que plasma y vivifica la comunión y la comunidad familiar.
Además la familia cristiana está llamada a hacer experiencia de una comunión nueva y original, que confirma y perfecciona la comunión natural y humana. En realidad, la gracia de Jesucristo, «el Primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29), es por su naturaleza y dinamismo interior una «gracia fraterna», como la llama santo Tomás de Aquino (S. Th. II· II·, 14, 2, ad 4). El Espíritu Santo, infundido en la celebración de los sacramentos, es la raíz viva y el alimento inagotable de la comunión sobrenatural que reúne y vincula a los creyentes con Cristo y entre sí en la unidad de la Iglesia de Dios. Una revelación y realización específica de la comunión eclesial la constituye la familia cristiana, que también por esto puede y debe llamarse «Iglesia doméstica» (LG, 11; cf. AA, 11).
Todos los miembros de la familia, cada uno según su propio don, tienen la gracia y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión de las personas, haciendo de la familia una «escuela de humanidad más completa y rica»: (GS, 52) es lo que sucede con el cuidado y el amor hacia los pequeños, los enfermos y los ancianos; con el servicio recíproco de todos los días, compartiendo los bienes, alegrías y sufrimientos.
[Familiaris Consortio, 21]
La familia está llamada en causa a lo largo de la vida de sus miembros, desde el nacimiento hasta la muerte. La familia es verdaderamente «el santuario de la vida…, el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a los cuales está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano». Por esto, el papel de la familia en la edificación de la cultura de la vida es determinante e insustituible.
Como iglesia doméstica, la familia está llamada a anunciar, celebrar y servir al evangelio de la vida. Es una tarea que corresponde principalmente a los esposos, llamados a transmitir la vida, siendo cada vezmás conscientes del significado de la procreación, como acontecimiento privilegiado en el cual se manifiesta que la vida humana es un don recibido para ser, a su vez, dado. En la procreación de una nueva vida los padres descubren que el hijo, «si es fruto de su recíproca donación de amor, es a su vez un don para ambos: un don que brota del don».
Es principalmente mediante la educación de los hijos como la familia cumple su misión de anunciar el evangelio de la vida.
Con la palabra y el ejemplo, en las relaciones y decisiones cotidianas, y mediante gestos y expresiones concretas, los padres inician a sus hijos en la auténtica libertad, que se realiza en la entrega sincera de sí, y cultivan en ellos el respeto del otro, el sentido de la justicia, la acogida cordial, el diálogo, el servicio generoso, la solidaridad y los demás valores que ayudan a vivir la vida como un don. La tarea educadora de los padres cristianos debe ser un servicio a la fe de los hijos y una ayuda para que ellos cumplan la vocación recibida de Dios. Pertenece a la misión educativa de los padres enseñar y testimoniar a los hijos el sentido verdadero del sufrimiento y de la muerte.
Lo podrán hacer si saben estar atentos a cada sufrimiento que encuentren a su alrededor y, principalmente, si saben desarrollar actitudes de cercanía, asistencia y participación hacia los enfermos y ancianos dentro del ámbito familiar.
[Evangelium Vitae, 92]

PREGUNTAS 
Responde a cada pregunta. En tu respuesta comienza indicando a qué pregunta respondes: P1 ó P2 ó P3.
Dentro de tu espacio de respuesta responde las tres preguntas.


  1. ¿Cómo promover en nuestra comunidad el valor del amor esponsal?
  2. ¿Cómo favorecer la comunicación y la ayuda recíproca entre las familias?
  3. ¿Cómo ayudar a aquellos que tienen dificultades en la vida de pareja y de familia?



viernes, 27 de enero de 2012

Una reflexión salesiana sobre el próximo IV Domingo del Tiempo Ordinario

LECTURAS DE LA LITURGIA DOMINICAL

Dt 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca. 
Sal 94,1-2.6-7.8-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 
1Co 7,32-35: La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos. 
Mc 1,21-28: Enseñaba con autoridad.


REFLEXIÓN SALESIANA




Enfasis Sugerido

“Me gustaria que estuvieras libre de toda preocupación.” 

Perspectiva Salesiana

“Me gustaria que estuvieras libre de toda preocupación” 

En dónde nos inscribimos? 

Nosotros podemos apreciar la plegaria de San Pablo este Domingo que dice que deberíamos estar “libres de toda preocupación.” No nos gustaría a todos estar libres de todas las preocupaciones? La verdad es que todos nosotros nos preocupamos. Hay cosas, situaciones y relaciones que nos preocupan cada día. En algunos casos, debemos preocuparnos si no nos preocupamos! 

La preocupación es parte de la vida. La preocupación nos reta a responder a algo en nuestras vidas que necesita atención, a responder a algo que necesita tratamiento, a responder a algo que debe ser examinado, y que debe ser, en cuanto sea posible, remediado o cuando menos mejorado de alguna forma. Por supuesto que nosotros sabemos por experiencia, que muchas de las cosas que queremos dependen también de las acciones de los demás... incluyendo a Dios. 

El problema es que la preocupación se puede convertir en ansiedad. Mientras que la preocupación está enfocada en cosas específicas, inquietudes, personas o eventos, la ansiedad es una emoción que flota libremente y que puede paralizar nuestra habilidad para lidiar con los retos de la vida. “La Ansiedad es el mal más grande que le puede ocurrir al alma, aparte del pecado,” escribe San Francisco de Sales. “La Ansiedad se origina de un deseo excesivo, de ser liberado del mal que experimentamos, o de adquirir el bien que esperamos. Aún así, no hay nada que agrave más el mal o que impida más el bien que la ansiedad.” 

Francisco de Sales sugiere que nosotros debemos monitorear nuestro nivel de ansiedad: “Considera si tu corazón está bajo tu control, or si se te ha escapado de las manos para enredarse de manera excesiva con un amor, con un odio, con envidia, avaricia, miedo, o temor de sentir dicha. Si se te ha escapado ve tras él y tráelo suavemente de regreso ante la presencia de Dios.” 

Por supuesto, la prevención es la mejor cura. “Cuando experimentes el principio de la ansiedad, encomiendate a Dios. Tienes que tomar la desición de no hacer nada de lo que tu deseo te urge a hacer hasta que la ansiedad haya pasado completamente; a menos que sea algo que no puede ser pospuesto. En ese caso, debes frenar y controlar el curso de tu deseo de manera gentil y pacífica. Más que nada, actúa de manera razonable, no emocional.” 

Que Dios te guarde de la ansiedad. Que todos nos centremos en el corazón de un Dios amoroso a medida que enfrentamos los alti-bajos y cada otro momento de nuestros días. Que Dios nos ayude a prevenir que los momentos de preocupación se conviertan en nuestra forma de vivir. 

Copiado de: El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales. 

HISTORIAS DE VIDA «ASÍ MI HIJO HABLÓ A LOS ÁNGELES Y SUBIÓ AL CIELO»

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