sábado, 19 de abril de 2014

DOMINGO DE PASCUA (Abril 20, 2014) El Señor Ha resucitado!

Enfasis Sugerido

"La muerte y pasión de nuestro Señor es el motivo mas dulce y mas convincente que puede avivar nuestros corazones en esta vida mortal…Los hijos de la cruz se glorifican en esto, su maravillosa paradoja que muchos no entienden: de la muerte, la cual devora todas las cosas, ha emanado el alimento de nuestra consolación. De la muerte, que es fuerte por sobre todas las cosas, ha emanado la dulce miel de nuestro amor." (Tratado del Amor de Dios, Libro 12, Capitulo 13) 

Perspectiva Salesiana

Esto, verdaderamente, es el misterio central de nuestra fe. Jesús permitiéndose a si mismo ser consumido con pasión por la rectitud y por la muerte ha, a su vez, conquistado la muerte de una vez y para siempre con el poder de la promesa de la vida eterna. 

El camino de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo fue personal: fue único. Fue confeccionado por el Padre desde la eternidad. Jesús fue fiel con la visión de Dios para con El; Jesús acogió su vocación como el humilde y gentil Mesías; Jesús sufrió el dolor de la muerte; Jesús experimento el poder de levantarse de nuevo. 

Dios ha confeccionado un camino personal para cada uno de nosotros desde la eternidad. Cada uno de nosotros juega un papel único en la revelación eterna de la vida divina, del amor divino, de la justicia divina, de la paz divida y de la reconciliación divina del Padre. Aun así, el camino a la resurrección es el camino de la cruz- el camino a la rendición, el camino al desprendimiento, el camino a dejar a un lado todas las cosas, los pensamientos, las actitudes y las acciones que no nos permiten personificar la pasión de Cristo: la pasión por todo lo que es recto y verdadero. 

Francisco de Sales ofrece esta imagen en el Libro 9 de su Tratado del Amor de Dios"Dios le ordeno al profeta Isaías que se desnudara completamente: esto hizo el profeta, y se fue a predicar así por tres días completes (o, como cuentan algunos, por tres años completos). Entonces, cuando el tiempo que Dios había determinado paso, Isaías se vistió de nuevo. Así mismo nosotros debemos quitarnos todos los afectos, grandes y pequeños, y hacer una reexaminación frecuente de nuestros corazones para ver si están realmente listos para desvestirnos y quitarnos todos esos ropajes, como lo hizo Isaías. Entonces, en el momento propicio debemos volvernos a cobijar con los afectos apropiados para el servicio de la caridad, para que así podamos morir desnudos en la cruz con nuestro Salvador divino y después levantarnos de Nuevo con el y como personas nuevas. " 

Deben estar seguros de una cosa: la muerte diaria del yo personal, que es parte de vivir una vida pasional, no se trata de morir sino de desvestirnos, de dejar ir por nuestro propio bien. No, se trata de que todo lo que somos debe ser purificado para así poder vivir vidas de divina pasión y compasión mas fiel y efectivamente. Dios no desea que nosotros dejemos que nuestro yo muera por modestia, sino que nuestro yo muera para que así, paradójicamente, podamos ser quienes El nos ha llamado a ser. 

“El amor es tan fuerte como la muerte como la muerte a la hora de permitirnos abandonar todas las cosas,” escribió San Francisco de Sales. “Es tan magnifico como la resurrección que nos adorna con la gloria y el honor.” 

Esta gloria y honor no solo esta reservada para el cielo. En la medida en que nosotros morimos cada día un poquito y en que experimentamos la fidelidad del amor de Dios en medio de la adversidad, las pruebas y las dificultades, podremos experimentar un poco de la resurrección cada día. 


El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales. 

domingo, 20 de octubre de 2013

La oración como soporte de la constancia de la fe. Domingo 29° Tiempo Ordinario

En Lc. 18, 1-8 la escena de la viuda indefensa que vence la apatía, desinterés y falta de equidad de un juez injusto e impío, es decir, que ni teme a Dios ni a los hombres, es una advertencia a la comunidad cristiana, a la Iglesia de todos los tiempos, acerca de la necesidad de perseverar en la oración a Dios ante las vicisitudes de la vida, ante las tribulaciones y dificultades que conlleva vivir en la fe, vivir desde una fe. Si no se ora, no se alcanza la implementación histórica de la justicia.
Jesús cuenta la parábola del juez injusto – (Lc 18,2-5) – para enseñar a sus discípulos la actitud con la cual mantener el ejercicio orante a lo largo de la vida. A rezar, ya les había enseñado tal como escuchábamos semanas atrás cuando les entrega el Padrenuestro en Lc 11,1-13. Dicha actitud será la de orar con insistencia, con persistencia, sin desalentarse. 
Si anteriormente, Jesús les había mostrado a sus discípulos, a quién orar y desde qué perspectiva, es decir, se ora a Dios reconocido como Padre y se ora como hijo que habla con plena confianza a su Padre y le expone su vida con la sencillez de quien se sabe necesitado de todo en todo tiempo. Ahora se trata de orar desde una consistencia de dedicación y de abandono en los tiempos y modos con los que Dios elige escucharnos y atendernos.
Dios hará justicia a sus hijos y les escuchará todo aquello que pidamos en sintonía con su corazón y con el destino final de nuestra existencia en sus brazos. Sentimos que Dios nonos escucha no porque no le interese nuestra situación, sino porque probablemente, consideramos como bienes o situaciones necesarias, realidades que en realidad, ni nos harían mejorar como personas ni como sociedad.
Dios, porque es Padre y ama sin interrupciones, ni según estados de buen o mal humor, persiste permanentemente en la actitud de benevolencia hacia cada persona sin distinguir raza, religión o condición social. Porque la fe supone una relación existencial con Dios en quien me confío plenamente porque reconozco que dicha confianza es la que sostiene mi vida desde su inicio gratuito hasta su entrega responsable, lo menos sería que me preguntase de qué modo me quiere Dios que logre ser feliz o que alcance mi plenitud humana.



La justicia con la Dios obra el bien que le pedimos para nuestra vida, no puede contrariar jamás su designio de amarnos en su Hijo y en la escuela de su Hijo Jesucristo. Lo mínimo es que cuando le pedimos a Dios lo que fuere, se relacione con el seguimiento de su Hijo Jesús.
Bajo el influjo de la sociedad del consumo y del bienestar, si mis solicitudes de placeres o de seguridades, tienen que ver más con la vanidad de la vida en vez que con la serenidad de una vida orientada al servicio, entonces es probable que mis pedidos a Dios aparezcan como no escuchados.
además, al orar con insistencia, se afirma el acto de fe en la Providencia de Dios sobre la globalidad de mi vida y todas sus etapas. Dios es Padre no para tapar los agujeros del sin sentido de alguna jornada de mi vida, es Padre todos los instantes de mi vida y acudir a Él solo por minutos o en circunstancias graves porque todo me va mal, atestigua de mi poca fe. Es decir, que ordinariamente, vivo desde múltiples y distintos criterios cuando no ajenos, al querer de quien me quier como Padre ahora y siempre.
"Para inculcar la oración permanente en sus discípulos Jesús les narró la parábola del injusto juez y la viuda impertinente. Ya les había enseñado a orar, a petición, precisamente, de uno de ellos. Ahora les enseña que rezar no debe ser una ocupación ocasional, sino un quehacer continuo… y gozoso. " (Cf. J.J. Bartolomé, Lectio Divina Domingo 29°)
La oración insistente no conoce brevedad, es continua. Los momentos de oración donde recito oraciones, son espacios concentrados de atención a Dios y de escucha de su Palabra para que entre a formar parte de mi vida... y de su agenda!
Se trata de permanecer ante su Presencia y sintonizar con la globalidad de sentido de su oferta de filiación divina en su Hijo Jesús y por medio de Él y con Él. Gasta tiempo como María en estar a los p ies de Jesús eligiendo la parte mejor, la de entrever el sentido de mi vida en la relación más excelente de amor que me pueda ocurrir. Entonces, la actividad y la toma de decisiones hacia afuera, hacia el despliegue de la propia energía y la atención de los demás, -como Martha- se verá perennemente iluminada y orientada sin ofuscaciones, sin desencantos, ni amarguras.
La fe supone una experiencia de la plenitud de pertenecer a Dios y que Dios en Jesucristo, sí puede y sí quiere intervenir en la historia personal y colectiva para hacer que se actúe su voluntad de salvación en cada persona y en cada pueblo.
Esta fe es interpelada por todo momento cultural que pasa la historia de los hombres, por ello, es necesario permanecer en estado de alerta interior cultivando un espíritu de oración, que permite que viva cada circunstancia en la Presencia de Dios y juzgue con sabiduría desde dicha Presencia y desde su inspiración.
Si orar, es solo repetir palabras con cierta prisa, o participar de una Eucaristía que no dure más de 45 minutos; podemos comprender por qué nos cansamos de orar y por qué aparentemente no me siento escuchado por Dios. Al no transcurrir en su Presencia no aprendo a pedirle lo que resulta realmente necesario para que viva en este mundo mientras me preparo a volver a Él.
Al transcurrir más y mejor tiempo con Él, aprendo a distinguir lo necesario e importante de lo urgente y darle sentido  a la propia vida superando la frivolidad, la banalidad de los placeres y descubriendo la necesidad de abrir el horizonte del propio corazón a la solicitud de la justicia para todos y la superación de los grandes desafíos de equidad y de respeto a la vida y a la familia que nuestro tiempo reclama.
Oremos con espíritu de hijos, oremos con la certeza de que el compromiso personal por vivir en equidad, justicia y servicio, es ya una garantía de vivir como escuchando al Señor que nos llama.



domingo, 26 de agosto de 2012

ELEGIR y SEGUIR AL VERDADERO DIOS


La Palabra de Dios en este XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO nos solicita una reflexión y contemplación de nuestra condición de bautizados y discípulos del Señor Jesús: ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna!!!.  

De la liberación a la elección

El Pueblo de Israel (figura de la Iglesia, de la familia cristiana, de la comunidad educativa que anima una presencia escolar o parroquial) se ve expuesto, durante su peregrinaje hacia la Tierra Prometida a innumerables dioses y volver idólatra. El Pueblo de Israel está llamado a decidir si sigue a Yavhé o si sigue a los otros dioses que el entorno de pueblos con cultos politeístas, le muestran y que le ofrecen una aparente seguridad cuando más bien los subordina a las fuerzas de la naturaleza. Yavhé es un Dios personal, es un Dios que le ha dirigido su palabra por mediación humana y le llamado a un seguimiento fatigoso de liberación. Dejar de ser esclavo no ha sido fácil para Israel, la tentación de volver atrás ha estado siempre latente en su camino por el desierto. Los cansancios y fatigas le han distraído de la meta más de una vez. Elegir es necesario para ser libre. Elegir al Dios que convoca y pide fidelidad respecto a todos los demás dioses es una situación límite. Luego de elegir no habrá marcha atrás.
De allí que su respuesta es perentoria: ¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios! Jos 24,1-2a.15-17.18b.

Señor, Tú tienes palabras de vida eterna

El Evangelio de este XXI Domingo del Tiempo Ordinario Jn 6,60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nos presenta a un Jesús interpelante y hasta cierto punto desafiante.
Los domingos anteriores hemos leído los versículos precedentes de este capítulo 6. Jesús ha curado enfermos, gestos que constituyen signos –señales- de su ser Mesías, Hijo de Dios que somete al mal y a la enfermedad que aqueja al hombre y lo subyuga. La gente ha admirado esa eficacia de palabra y de obra y se interesa por él. El estupor llega a su máximo nivel cuando Jesús realiza el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces y la gente, sin mayor reflexión que la del estómago saciado, lee la señal como un mensaje de liberación política y económica que se traduce en su decisión de hacerlo rey. Jesús, afirma el texto, huyó de nuevo al monte solo. Jesús rechaza la reducción de su presencia, de su predicación y de sus milagros a la sola interpretación de que nos viene a resolver los problemas básicos de la vida: salud, alimentación, seguridad política. Jesús rechaza la identificación exclusivamente política de su Persona y de su actuar. El Reino de Dios es mucho más que la liberación de las solas esclavitudes que la historia y la corporeidad de los hombres ha generado.
Aquí surge otro milagro o señal de la divinidad de Jesús, y es cuando se acerca a sus discípulos ya embarcados y en medio de un lago de olas embravecidas. Jesús camina sobre las aguas y llega a su Comunidad de apóstoles que estaban atemorizados sea por la tormenta que por su presencia de primer impacto fantasmal. Pero Él les dijo: Soy Yo. No teman y en el acto tocan la orilla con la barca superando todo peligro.
Jesús es buscado por la multitud porque se han visto saciados en su necesidad básica de alimentación y lo quieren entre los que toman decisiones para que le asegure la comida. La búsqueda de Jesús es una búsqueda interesada que se aleja de la intención de revelación que ha mostrado Jesús cuando realizó sus señales. Jesús pone al descubierto sus intenciones inmediatistas y lejanas del corazón de Dios:  Obren por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del Hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello (Jn, 6, 27).
Es decir, progresivamente, Jesús señala metas más nobles de comprensión y de seguimiento de su persona que la sola satisfacción corporal del pan multiplicado; las razones del Hijo de Dios que multiplica el pan para robustecer la salud corporal son mayores y más nutritivas que el mismo pan multiplicado. El discípulo de Jesús, Hijo de Dios, habrá de alimentarse del mismo Jesús: Yo soy el Pan Vivo bajado del cielo, si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne para la vida del mundo (Jn 6, 51). Y esta afirmación provoca perplejidad y estupor… ¿“comer SU carne?...? ¿Qué propuesta religiosa puede ser ésta que se sugiere antropófoga? ¿Estamos ante un maestro o ante un desquiciado? Pero aún cuando añadirá: Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. (Jn 6, 53-54)
Pero la afirmación que colma el vaso del estupor, de la sorpresa cuando no del escándalo es esta que dice: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita (otros dicen: permanece) en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí (Jn 6, 55-57).

De la perplejidad a la contestación y al rechazo, del rechazo a la profesión de fe personal y eclesial

Con este recorrido llegamos al desenlace del Capítulo 6 de Juan en el que se constata la perplejidad en el público que seguía a seguía a Jesús:  Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso? Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: ¿Esto les hace vacilar?, ¿y si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de ustedes no creen. (Jn 6, 60-64). Hace falta la superación de una lectura material del mensaje de Jesús y es necesario decodificar el lenguaje de superación moral y espiritual que implica el comerlo a Él, el habita o permanecer en y con Él. La argumentación no es al interno de una lógica de realidades físicas, sino espirituales. El espíritu de Dios con su capacidad creadora hará posible que haya una mediación material por la que se comunique la vitalidad del mismo Dios al hombre pecador, por la que la fuerza del amor que supera todo egoísmo raíz de todo pecado, llegará al corazón (es decir a la mente-pasionalidad-voluntad humanas) de cada persona. Es así como la vida de Dios comunicada por la humanidad resucitada de Jesucristo habrá de impregnar nuestra mente y libertad y habrá de purificar nuestros afectos y deseos del egoísmo. Lo que Jesús hace es preanunciar su EUCARISTÍA. El sacrificio cruento de la cruz se habrá de actualizar mediante el sacramento del Eucaristía y del rito que lo hace presente para la Comunidad Eclesial.
De allí que la perplejidad de los discípulos invita a poner la pregunta de rigor a los apóstoles por parte de Jesús que suscita la respuesta corporativa por la voz de Pedro: ¿También ustedes quieren marcharse? Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios. (Jn 6, 67-69).

La Eucaristía como encuentro vital con Jesús

Como bautizados que somos nos vemos enfrentados todos los días a tomar decisiones sobre aquello que nos deleita más o menos, sobre aquello que dirige nuestro pensamiento con relación al propio proyecto de vida, a los medios y fines de nuestra realización personal, como profesionales y como personas comprometidas con la marcha social desde la familia y los espacios de encuentro, de amistad y de compromiso. Las razones de nuestros diferentes niveles de afiliación pueden constituirse en una renovada oportunidad de pertenencia y de intimidad con Cristo o su contrario, es decir, caer en situaciones de infidelidad al propio bautismo que coinciden con el adulterio del pueblo de Israel como forma de apostasía, de negación del único y verdadero Dios en la propia vida.
La verdadera lucha se da en el corazón del creyente que necesita aprender a discernir qué tipo de fidelidad construye y vive hacia Jesús. La mediación sacramental de la Eucaristía y su resonancia social que nos mueve a la solidaridad efectiva más allá del momento ritual, se constituye en nuestra manera actual de permanecer y habitar en Jesús. La vida eterna no se entenderá sobre todo ni en primer lugar en la situación atemporal del después de mi muerte; más bien, en la mentalidad semita que no se refiere al tiempo o a su ausencia cuando habla de lo eterno de Dios, habremos de comprender que la vida eterna de la que habla Jesús y de la qué Él es el contenido de dicha eternidad, se trata más bien de una condición existencial, de un estilo de vida que implica una moralidad afianzada en una practica de acciones realizadas en el amor de don y entrega que es la naturaleza de Dios. Si Dios es amor, comer su carne y ver su sangre implica un decidir pertenecer a su radical lógica de amar en vez de entronizarse a sí mismo como referente de toda atención y de todo placer. Vivir eternamente ocurre ya ahora si mi horizonte práctico se fundamenta en una práxis de amor de don, de entrega, de servicio que me encuentra presente en toda justicia y ausente cuando combatiente de toda inequidad.
Independientemente del momento de mi muerte, tengo vida eterna si en la praxis de mi vida, el egoísmo y sus formas de narcisismo, de lujuria, de mentira, de exceso, de codicia y ambición desmedida y desordenada de poder son erradicados por una praxis inteligentemente querida y cultivada de amor de sí en proyección de servicio solidario; de veracidad que sostiene relaciones de sinceridad, lealtad y transparencia; en colaboración que coadyuva proyectos institucionales que promueven la superación de esclavitudes culturales, económicas pero sobre todo que propugnan la libertad religiosa de adorar a un solo Dios que se revela como Familia de comunión perfecta en un amor que señala el horizonte de cumplimiento de la sociedad civil y política.
Con Pedro, la Iglesia de todos los tiempos y en sus diversas formas de eclesialidad desde la familia, las parroquias y diócesis, las agregaciones inspiradas en el Evangelio, con prontitud afirmamos, ante las amenazas de propuestas secularistas, de una globalización que homologa todos y a todos en un solo paradigma de consumo y de placer, con la absoluta certeza que nuestra fe-confianza no se verá defraudada: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.
Buen Domingo!!!

martes, 14 de agosto de 2012

LA FAMILIA ENGENDRA LA VIDA

(Extracto para uso escolar)

UNA CATEQUESIS BÍBLICA: Lee atentamente:


27Y Dios creó al hombre a su imagen,
lo creó a imagen de Dios,
los creó varón y mujer (Gn 1, 27).
18Y el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada». 19Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales de campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. 20El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. 21Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo  sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. 22Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. 23Entonces este exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará mujer, porque ha sido tomada del hombre». 24Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne (Gn 2, 18-24).
 Escucha del Magisterio
En la vida de familia las relaciones interpersonales tienen fundamento y reciben alimento del misterio del amor. El matrimonio cristiano, ese vínculo por el cual el hombre y la mujer prometen amarse en el Señor para siempre y con todo su ser, es la fuente que alimenta y vivifica las relaciones entre todos los miembros de la familia. No es casualidad que en los fragmentos siguientes de la Familiaris Consortio y de la Evangelium Vitae, para ilustrar el secreto de la vida doméstica, se repitan varias veces los términos «comunión» y «don».
El amor, fuente y alma de la vida familiar
La comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre ellos, de los parientes y de otros familiares.
Dicha comunión arraiga en los vínculos naturales de la carne y de la sangre, y se desarrolla encontrando su perfeccionamiento propiamente humano en el instaurarse y en el madurar de los vínculos todavía más profundos y ricos del espíritu: el amor, que anima las relaciones interpersonales de los distintos miembros de la familia, constituye la fuerza interior que plasma y vivifica la comunión y la comunidad familiar.
Además la familia cristiana está llamada a hacer experiencia de una comunión nueva y original, que confirma y perfecciona la comunión natural y humana. En realidad, la gracia de Jesucristo, «el Primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29), es por su naturaleza y dinamismo interior una «gracia fraterna», como la llama santo Tomás de Aquino (S. Th. II· II·, 14, 2, ad 4). El Espíritu Santo, infundido en la celebración de los sacramentos, es la raíz viva y el alimento inagotable de la comunión sobrenatural que reúne y vincula a los creyentes con Cristo y entre sí en la unidad de la Iglesia de Dios. Una revelación y realización específica de la comunión eclesial la constituye la familia cristiana, que también por esto puede y debe llamarse «Iglesia doméstica» (LG, 11; cf. AA, 11).
Todos los miembros de la familia, cada uno según su propio don, tienen la gracia y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión de las personas, haciendo de la familia una «escuela de humanidad más completa y rica»: (GS, 52) es lo que sucede con el cuidado y el amor hacia los pequeños, los enfermos y los ancianos; con el servicio recíproco de todos los días, compartiendo los bienes, alegrías y sufrimientos.
[Familiaris Consortio, 21]
La familia está llamada en causa a lo largo de la vida de sus miembros, desde el nacimiento hasta la muerte. La familia es verdaderamente «el santuario de la vida…, el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a los cuales está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano». Por esto, el papel de la familia en la edificación de la cultura de la vida es determinante e insustituible.
Como iglesia doméstica, la familia está llamada a anunciar, celebrar y servir al evangelio de la vida. Es una tarea que corresponde principalmente a los esposos, llamados a transmitir la vida, siendo cada vezmás conscientes del significado de la procreación, como acontecimiento privilegiado en el cual se manifiesta que la vida humana es un don recibido para ser, a su vez, dado. En la procreación de una nueva vida los padres descubren que el hijo, «si es fruto de su recíproca donación de amor, es a su vez un don para ambos: un don que brota del don».
Es principalmente mediante la educación de los hijos como la familia cumple su misión de anunciar el evangelio de la vida.
Con la palabra y el ejemplo, en las relaciones y decisiones cotidianas, y mediante gestos y expresiones concretas, los padres inician a sus hijos en la auténtica libertad, que se realiza en la entrega sincera de sí, y cultivan en ellos el respeto del otro, el sentido de la justicia, la acogida cordial, el diálogo, el servicio generoso, la solidaridad y los demás valores que ayudan a vivir la vida como un don. La tarea educadora de los padres cristianos debe ser un servicio a la fe de los hijos y una ayuda para que ellos cumplan la vocación recibida de Dios. Pertenece a la misión educativa de los padres enseñar y testimoniar a los hijos el sentido verdadero del sufrimiento y de la muerte.
Lo podrán hacer si saben estar atentos a cada sufrimiento que encuentren a su alrededor y, principalmente, si saben desarrollar actitudes de cercanía, asistencia y participación hacia los enfermos y ancianos dentro del ámbito familiar.
[Evangelium Vitae, 92]

PREGUNTAS 
Responde a cada pregunta. En tu respuesta comienza indicando a qué pregunta respondes: P1 ó P2 ó P3.
Dentro de tu espacio de respuesta responde las tres preguntas.


  1. ¿Cómo promover en nuestra comunidad el valor del amor esponsal?
  2. ¿Cómo favorecer la comunicación y la ayuda recíproca entre las familias?
  3. ¿Cómo ayudar a aquellos que tienen dificultades en la vida de pareja y de familia?



viernes, 27 de enero de 2012

Una reflexión salesiana sobre el próximo IV Domingo del Tiempo Ordinario

LECTURAS DE LA LITURGIA DOMINICAL

Dt 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca. 
Sal 94,1-2.6-7.8-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 
1Co 7,32-35: La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos. 
Mc 1,21-28: Enseñaba con autoridad.


REFLEXIÓN SALESIANA




Enfasis Sugerido

“Me gustaria que estuvieras libre de toda preocupación.” 

Perspectiva Salesiana

“Me gustaria que estuvieras libre de toda preocupación” 

En dónde nos inscribimos? 

Nosotros podemos apreciar la plegaria de San Pablo este Domingo que dice que deberíamos estar “libres de toda preocupación.” No nos gustaría a todos estar libres de todas las preocupaciones? La verdad es que todos nosotros nos preocupamos. Hay cosas, situaciones y relaciones que nos preocupan cada día. En algunos casos, debemos preocuparnos si no nos preocupamos! 

La preocupación es parte de la vida. La preocupación nos reta a responder a algo en nuestras vidas que necesita atención, a responder a algo que necesita tratamiento, a responder a algo que debe ser examinado, y que debe ser, en cuanto sea posible, remediado o cuando menos mejorado de alguna forma. Por supuesto que nosotros sabemos por experiencia, que muchas de las cosas que queremos dependen también de las acciones de los demás... incluyendo a Dios. 

El problema es que la preocupación se puede convertir en ansiedad. Mientras que la preocupación está enfocada en cosas específicas, inquietudes, personas o eventos, la ansiedad es una emoción que flota libremente y que puede paralizar nuestra habilidad para lidiar con los retos de la vida. “La Ansiedad es el mal más grande que le puede ocurrir al alma, aparte del pecado,” escribe San Francisco de Sales. “La Ansiedad se origina de un deseo excesivo, de ser liberado del mal que experimentamos, o de adquirir el bien que esperamos. Aún así, no hay nada que agrave más el mal o que impida más el bien que la ansiedad.” 

Francisco de Sales sugiere que nosotros debemos monitorear nuestro nivel de ansiedad: “Considera si tu corazón está bajo tu control, or si se te ha escapado de las manos para enredarse de manera excesiva con un amor, con un odio, con envidia, avaricia, miedo, o temor de sentir dicha. Si se te ha escapado ve tras él y tráelo suavemente de regreso ante la presencia de Dios.” 

Por supuesto, la prevención es la mejor cura. “Cuando experimentes el principio de la ansiedad, encomiendate a Dios. Tienes que tomar la desición de no hacer nada de lo que tu deseo te urge a hacer hasta que la ansiedad haya pasado completamente; a menos que sea algo que no puede ser pospuesto. En ese caso, debes frenar y controlar el curso de tu deseo de manera gentil y pacífica. Más que nada, actúa de manera razonable, no emocional.” 

Que Dios te guarde de la ansiedad. Que todos nos centremos en el corazón de un Dios amoroso a medida que enfrentamos los alti-bajos y cada otro momento de nuestros días. Que Dios nos ayude a prevenir que los momentos de preocupación se conviertan en nuestra forma de vivir. 

Copiado de: El Padre Michael S. Murray, OSFS es el Director Principal del Centro Espiritual De Sales. 

viernes, 22 de abril de 2011

VIERNES SANTO: EL SEÑOR JESÚS SE ENTREGA Y NOS APROXIMA AL PADRE


EL AMOR ES VERAZ EN LA ENTREGA DE JESÚS...ÉL ES EL MAESTRO!!!

domingo, 10 de abril de 2011

V CUARESMA CICLO A: EL EVANGELIO DE LA VIDA ES AMIGO



1. LAS LECTURAS



El domingo de la vida: En el contexto litúrgico cuaresmal la resurrección de Lázaro, además de ser un anuncio y signo de la Pascua del Señor, presenta también una dimensión bautismal. La catequesis catecumenal llega a su culmen en este domingo. A los signos del agua y de la luz, hoy se añade el de la vida. Ezequiel, con la imagen de la reanimación, anuncia la reconstrucción de Israel y proclama una vida nueva para el pueblo. El exilio fue para Israel como una tumba y era preciso que saliera de ella para regresar a su patria como un pueblo nuevo (1 lect.). Jesús restituye a Lázaro a la vida que reposaba en el sepulcro (Ev.). La resurrección de Lázaro es anticipo de la resurrección de Cristo y de todos aquéllos en los que habita el Espíritu (2 lect.).




Ez 37,12-14: Os infundiré mi espíritu y viviréis.
 
Sal 129,1-2.3-4ab.4c-6.7-8: 

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. 


Rm 8,8-11: El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros. 


Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida.


o bien, más breve

Jn 11,3-7.17.20-27.33b-45: Yo soy la resurrección y la vida.



sábado, 2 de abril de 2011

IV DOMINGO DE CUARESMA - CICLO A - "Jesús es Luz y sentido"



La curación del ciego (1567) por el Greco.


1. Las lecturas 



El domingo de la luz: Si el domingo pasado se centraba en el signo del agua, el presente se centra en la luz. El cristiano está llamado a la luz, a la luz de la fe. Dios ilumina al profeta para ungir al escogido. El profeta no puede dejarse llevar por las apariencias humanas sino por la inspiración de Dios. David descubre su misión (1 lect.). El que cree y confía en la palabra de Jesús llega a la luz. Es el caso del ciego (Ev.). La luz pone al descubierto las cosas. La luz pide permanecer en un comportamiento de vida, obrando según las obras que agradan a Dios (2 lect.).


1S 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel.
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta.
Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.
Jn 9,1–41: Fue, se lavó y volvió con vista.
o bien, más breve
Jn 9,1.6-9.13-17.34-38: Fue, se lavó y volvió con vista.

2. Comentario a las lecturas

El Cuarto Domingo de Cuaresma nos concentra en la Curación del Ciego de nacimiento en la narración del evangelista San Juan.
Jesús es Luz para todo aquel que lo acoja en su propia oscuridad. En realidad, nuestra visión permanece distorsionada si no somos introducidos a la luz que es la persona misma de Jesús, el Señor.

Miramos con ojos muy materiales. El profeta Samuel, tan amigo de Dios, no logra individuar de primer intento, quien sería el elegido de Dios para gobernar a Israel. Dios guía ("ilumina" ) al profeta y le dice quien habría de ser el Ungido de Dios (el consagrado). David, -el Ungido de Yavhé- no estaba en las expectativas de  Samuel que miraba en el posible candidato fuerza, buena presentación. Dios elige a un jovencito.


EL ciego de nacimiento no conoce la luz. Su vida siempre ha sido oscura porque en ella desde un comienzo, la luz no era. Jesús se vale de la misma materia -barro-, y de la saliva para sugerirnos que las mismas realidades materiales bajo la intervención de Dios, logran resultados que superan la materia y sus condicionamientos.

Dios tiene una Palabra y tiene una Fuerza que le permite doblegar el sentido finito e inexorable de la realidad terrenal. Lo terreno, las cosas, están como mediación para conseguir libertad interior y abrirse al misterio de Dios: Padre, Hijo Encarnado-Muerto-Resucitado y Espíritu Santo.

La luz que dona Jesús es la Fe. Esa disposición a aceptar en el cotidiano de nuestra experiencia que Dios -por Jesucristo- decide y participa de todo lo creado con justicia y equidad. La fe es más que un sentimiento. Es certeza cercana de una fidelidad a la propia vida, de un cariño inmerecido ante la propia fragilidad que solicita una elección, una toma de posición que conduce a un estilo de vida alternativo al que uno cultiva desde el condicionamiento cultural.

La fe es establecer una relación de amistad con Jesucristo y ser iniciados a un camino de veracidad sobre sí mismo y el cumplimiento de la propia vida en un amor que se apoya en la exigencia de autenticidad, servicio, solidaridad y justicia.

La luz necesita ser alimentada para que no se apague. El sentido trascendente de cada una de nuestras vidas, necesita ser reafirmado cada día y cada semana en el seno de nuestra comunidad parroquial. Secundar el movimiento de la fe en la propia vida, induce a tomar decisiones siempre en diálogo secreto y silencioso con el Señor Jesús.

Que el Señor nos conceda a todos, la gracia de saber reconocerlo y de aceptar su presencia en nosotros y por medio de nosotros. La CUARESMA nos purifica de otras realidades que quieren ser un dios en nuestra vida, para que nos convirtamos al único Dios que da vida.

domingo, 27 de marzo de 2011

III DOMINGO DE CUARESMA: DAME DE BEBER TU FE

1. LAS LECTURAS


Ex 17,3-7: Danos agua de beber. 
Sal 94,1-2.6-7.8-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
Rm 5,1-2.5-8: El amor de Dios ha sido derramado en nosotros con el Espíritu Santo que se nos ha dado. 
Jn 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
o bien, más breve
Jn 4,5-15.19b-26.39a.40-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.


2. EL COMENTARIO

Este texto de San Juan contiene varios símbolos. Los símbolos se valen de realidades naturales, concretas y perceptibles por los sentidos para introducir en el conocimiento de realidades espirituales que no se ven o palpan inmediatamente.

Jesús solicita a una mujer pagana que le dé de beber. La situación de enemistad entre samaritanos y judíos no es casual en el texto de San Juan. Había una experiencia de Dios -la de los judíos de Israel- que excluía a otros pueblos de la Alianza con Dios, de su sentido y finalidad como pueblo y como personas. Los samaritanos también se sabían convocados por la misma salvación, pero la celebraban dentro de las fronteras de su nación.

Jesús, judío de nacimiento, no se muestra adversario ni enemigo de la samaritana. Al contrario, pedagógicamente la aproxima a la cercanía del misterio de Dios que se encuentra en su misma Persona. La mujer necesitada de Dios y de su luz, también para conocer con claridad mayor la irregularidad de su comportamiento moral, se va abriendo a Jesús y a su mensaje: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. »

va a conocer que Dio no se encierra ni se reduce en ningún santuario físico y que supera toda limitación material de su relación con cada persona. Dios no conoce los límites de la materia para llegar al con razón del hombre, sin embargo, se detiene ante el límite de una libertad que no lo acepta. Entonces, Dios, como enamorado sin razón, no se detendrá hasta superar la sordera o ceguera de la persona que lo ignora o rechaza. Con lazos de amor buscará vencer su obstinación. 

Se trata de adorar a Dios en espíritu y en verdad:  «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salva­ción viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto soy deben hacerlo en espíritu y verdad.»

El progresivo crecimiento de la samaritana la abre a la fe. Es decir, la abre al conocimiento del Mesías, el Cristo en la misma y única persona de Jesús de Nazareth. La Humanidad de Jesús no obstaculiza sino que introduce y revela la divinidad poco a poco. 

Jesús quiere abrevar de la fe de la samaritana. Su sed no es del agua material; tiene sed de la adhesión de amor de la samaritana a la revelación de Dios en la palabra y en la acción de su Mesías, el Señor Jesús.

Que Dios tenga sed de nuestro asentimiento para vivir una vida en Dios es una expresión única de amor de misericordia. Somos amados más allá de los méritos o deméritos, somos amados porque originados en Dios que es solo y siempre Amor. 

Cuanto dista aún de que la tierra se vea así misma transformada por los esfuerzos de amor de los hijos de un Dios que no se cansa de los hombres.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Dios es desconfinadamente incondicional

1. Releyendo a Víctor Hugo

Jean Valjean, el ex-presidiario de "Los Miserables", queda sobrecogido ante el gesto gratuito del Obispo, a quien había desvalijado de su menajería de plata. El Obispo, ante la policía deseosa de llevarse al reincidente ladrón, finge reconocer como si fuera un viejo amigo al sorprendido ladrón, evitándole así el castigo de la prisión. Luego, le regala dos candelabros de plata para que pueda rehacer su vida. En esta experiencia que permite el cambio de vida de Jean Valjean en Monsieur Madeleine. La persecución que habrá de sufrir de manos del Jefe de la Policía - Javert- lo pondrá en mil situaciones complicadas en las que el buen Jean Valjean estará apoyando a unos, soportando a otros, escondiéndose de terceros. Al final, el Capitán Javert, queda desconcertado ante el hecho de que "Jean Valjean", sí es un hombre bueno. Que la prisión no lo embruteció ni lo hizo mezquino ni egoísta. Su tesis del hombre incapaz de regeneración - de redención- caía por los suelos. Su muerte por propia mano sellará la coherencia de su incredulidad. Jean Valjean también morirá, pero rodeado del afecto de los que ha querido y por quienes aceptó sufrimientos y escarnios.

El gesto del Obispo ante el hombre desesperado salido de la prisión sin amigos y sin esperanzas había generado una cantera de esperanza en el corazón del otrora presidiario. Esta trama de Los Miserables, es un elogio a la eficacia humilde y tenaz del perdón entregado gratuitamente. Sólo el perdón libera a quien se halla esclavo de alguna pasión u opresión. Jean Valjean, será misericordioso porque recibió misericordia. Javert, incrédulo ante toda posible redención, la rechazará inclusive para sí mismo. El orgullo y el desamor no logran ver más allá del límite que ellos mismos crean. Al final, se enloquece y se desprecia la vida.

2. Un Domingo redentor

No es novedad que cada DOMINGO celebremos nuestra redención. ¡Dies Domini est! Lo que es singular es el fuerte énfasis que las lecturas aplican a la actitud misericordiosa de Dios. Dios en su perdón, siempre es excelente y nunca es humillante. La parábola del padre misericordioso es ejemplar.La actitud del hijo menor es de total ausencia de responsabilidad. Se vuelve responsable cuando recapacita ante su necedad y retorna al padre que lo generó a la vida. Se humilla porque vuelve no como hijo sino como un despilfarrador "ya no merezco llamarme hijo tuyo... trátame como a uno de tus obreros" , llegará a decir. El despilfarro de los bienes del padre lo inhabilita para ejercer su propia dignidad. 
Así pasa con nuestras vidas. Ellas son don de Dios en todos sus aspectos. No pocas veces las empleamos con tal presunción de absoluta autonomía que no excedemos y obramos desacertadamente. De modo egoísta, banal y estrechamente sensual. En esas circunstancias, "despilfarramos la riqueza recibida en la vida recibida gratis".

3. Un perdón que eleva

Nada más gratificante que saberse amado. Nos da seguridad, el sentimiento del cariño que significa estima, elogio, contento de que la propia vida esté en el escenario de otros sujetos, de otras personas, nos condiciona para crecer, para existir, para encontrarle sentido a la vida y a sus fatigas.

La carrera que da el padre misericordioso para salir al encuentro del hijo "perdido" denota la lógica del amor de misericordia. El hijo había perdido no solo bienes económicos. En realidad, se había perdido a sí mismo, a su orientación existencial, a su para qué vivo. Tomaba decisiones erróneas porque alejadas de la benéfica sombra del Padre y de su perenne llamada a un amor mejor, a un amor más total, se habían enfangado en la complacencia de sí mismo, en el egoísmo y en la lujuria.

Recuperar al hijo perdido, es readmitirlo a la relación de filiación y de fraternidad. El hijo mayor no quiere saber nada de esa fiesta en favor de dilapidadores. Aunque sea su hermano menor. Es alguien que ha infligido la norma. Alguien que ha hecho lo que ha dado la gana y del peor modo... el hermano mayor, no está reconciliado y mucho menos, no está redimido. Hay ausencia de perdón también en su corazón, hay saciedad de cosas, pero ausencia de afectos y de pertenencia.

4. El Buen Pastor

La Iglesia ha conocido desde temprana era, la similitud entre el Señor Jesucristo y la actitud benévola y sacrificada del Buen Pastor: la oveja descarriada y perdida es la que provoca mayores actos de amor al Pastor. Así es Dios para con nosotros. Somos perennemente buscados por el Amor de Misericordia. Dicho amor, no humilla sino que enaltece, eleva de la opresión de las cosas y de las funciones, a la  libertad de la relación amical, de la pertenencia leal y fiel.

Si te reconoces como una oveja descarriada y desorientada, o como el hijo dilapidador de bienes... DÉJATE ENCONTRAR!!!

Si te ocurre de encontrarte con personas desubicadas en sus vidas, abandonadas en su soledad mendigantes de escucha y de cariño, ... sal al encuentro de dicha necesidad. Sin duda alguna, el Dueño de la Mies habrá hablado con claridad en el locutorio de tu vida.