domingo, 10 de abril de 2011

V CUARESMA CICLO A: EL EVANGELIO DE LA VIDA ES AMIGO



1. LAS LECTURAS



El domingo de la vida: En el contexto litúrgico cuaresmal la resurrección de Lázaro, además de ser un anuncio y signo de la Pascua del Señor, presenta también una dimensión bautismal. La catequesis catecumenal llega a su culmen en este domingo. A los signos del agua y de la luz, hoy se añade el de la vida. Ezequiel, con la imagen de la reanimación, anuncia la reconstrucción de Israel y proclama una vida nueva para el pueblo. El exilio fue para Israel como una tumba y era preciso que saliera de ella para regresar a su patria como un pueblo nuevo (1 lect.). Jesús restituye a Lázaro a la vida que reposaba en el sepulcro (Ev.). La resurrección de Lázaro es anticipo de la resurrección de Cristo y de todos aquéllos en los que habita el Espíritu (2 lect.).




Ez 37,12-14: Os infundiré mi espíritu y viviréis.
 
Sal 129,1-2.3-4ab.4c-6.7-8: 

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. 


Rm 8,8-11: El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros. 


Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida.


o bien, más breve

Jn 11,3-7.17.20-27.33b-45: Yo soy la resurrección y la vida.



2. DIOS en Jesús está fascinado con la vida!!!


   Las instituciones o agentes de cultura postmodernos que se desgañitan por presentar una fe cristiana retrógrada y fundamentalista no es sincera con el conocimiento que supone la crítica de la fe cristiana.

   En sus fuentes -la Palabra encarnada en Jesucristo y en la tradición viva de la Iglesia- la palabra más contestataria contra un dios negador del hombre, de su libertad, de su individualidad, viene de Jesucristo.

   La razón de esta afirmación es que no hay otra explicación para comprender la tenaz afirmación de toda vida humana durante su peregrinación histórica en las tierras de Palestina.

   Ezequial revela como Dios toma el protagonismo para restaurar la vida allí donde la muerte de los hombres enseñorea de cadáveres. Cada vez que en el devenir de la Historia, los hombres comenzamos a vivir con razones de muerte y ésta se extiende como  una mala peste que entenebrece los corazones de los hombres, Dios interviene para despertarnos de ese mal sopor, de ese sueño que no tiene nada de reparador porque nos ha instalado en el olvido del amor de Dios, de su benevolencia, de nuestro destino clavado en el más allá del instante último de conciencia terrenal.

   En la resurrección de Lázaro, Jesús, el Señor, deja claro que la muerte existe para el hombre como consecuencia de su desafiliación del Padre rico en misericordia. Esa orfandad le genera al hombre el inevitable tránsito por la oscuridad de la muerte que niega justamente la fuente del propio sentido: el ser de sí!

   Por eso que el llanto de Jesús nos conmueve: a Dios no le gusta vernos muertos ni por un instante. La tolerancia de Dios hacia la muerte se deberá a la necesidad de hacernos sensibles al valor que es la vida no solo física, sino sobre todo aquella espiritual. 

   Aquella vida nueva que depende de decisiones concretas a favor del amor y de la justicia y que rechaza el egoísmo y el odio como estilos compatibles de vida. Una cultura de la vida recupera para la sociedad lo más noble de su inspiración para elevar el sentido de su fatiga ciudadana, política, económica, cultural, religiosa.

   El Dios de la Vida, en Jesucristo, nos solicita confiarnos a la Persona de este Hijo de Dios, porque solo Él da Vida porque es la misma Vida. 

   La samaritana nos señaló el camino donde encontrar la verdadera agua de vida: la del espíritu; el ciego de nacimiento nos mostró quien es Quien da la vista y hace ver de verdad el sentido de la nuestra existencia; Lázaro nos enseña que Dios en Jesucristo nos es radicalmente amigo y que ÉL ES VIDA DEFINITIVA.

   Ahora estamos listos para reestrenar nuestro BAUTISMO: en las aguas del Espíritu, en la luz de la fe, en la vida del Hijo.

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